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Pisto

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Cuando llegan los fríos en mi casa suelen empezar a prepararse semanalmente dos platos, el cocido (un ritual de cada domingo) y el pisto. Antes lo preparaba siempre mi madre, pero desde que descubrió mi arte culinario, el pisto ha pasado a ser “asunto” mío. Suelo hacer una buena cantidad sobre todo por sus efectos prácticos (una parte para ir comiendo durante la semana y otra parte, directa al congelador). El pisto acepta casi todas las combinaciones posibles. Va bien con carnes, con pescados, con pasta, con arroz, en plan plato combinado con tortilla o unos huevos fritos. Es un comodín estupendo y muy sano.

Para hacer el pisto se necesita:

  • un par de zanahorias medianas
  • dos o tres pimientos verdes/rojos (depende del tamaño)
  • una cebolla y media o dos
  • un calabacín hermoso
  • una berenjena
  • tomate triturado o, en su defecto, tomate frito natural
  • sal
  • aceite
  • azúcar

Pica la verdura en trozos muy pequeñitos (sobre todo recomendable para aquellos que no son muy fans de la verdura). Pon un chorro hermoso de aceite en la sartén a fuego medio-bajo. Cuando esté caliente, añade la zanahoria. Cuando esta se empieze a ablandar añade el pimiento y un poco después, la cebolla y sal. Cuando esté blandito añade el calabacín y cuando este reduzca un poco el tamaño, agrega la berenjena y un poco más de sal. Cuando ya esté toda la verdura, pásala a un cacerola y añade el tomate.

Si el tomate es triturado y los trozos son muy grandes, una vez que pongas la verdura en la cacerola, pon el tomate en la sartén para deshacer los trozos y que se cocine un poco. Añade un poco de sal y un poco de azúcar (para quitar el amargor del tomate).

Una vez que el tomate está listo, mezcla todo en la cacerola y, a fuego suave, deja que hierva un ratito (unos 15 minutos bastan). Y listo!

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La estrella de lo simple y lo exquisito: la TORTILLA

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Una cocinillas española, propietaria de un blog de cocina y que, si tiene la oportunidad, prepara una cuando deja atrás nuestra madre patria, ya estaba tardando en dedicarle una entrada de blog a esta joya gastronómica tan nuestra.

Estando en Francia o en Portugal más de una vez me han pedido la receta, incluso me han dicho que alguna vez intentaron hacerla, lamentablemente sin mucho éxito. Es cierto que la tortilla no se caracteriza por ser un plato complicado de preparar, pero también es verdad que a veces lo más simple es lo más complicado.

Una vez oí decir a un chef de cocina muy prestigioso (aunque ahora no recuerdo quién fue), que un chef nunca puede ser considerado como tal si no domina la cocina básica del día a día.  Realmente, si nos paramos a pensar, aunque sólo sea en el caso de las tortillas, hemos comido tantísimas que el listón esta muy alto. Siempre se oirá aquello de: “Como la tortilla de mi madre, ninguna.”

Sinceramente, no es difícil hacer una tortilla, pero no os voy a mentir, se necesita práctica, porque lo importante es cogerle el punto (y yo confieso que a veces el punto me lo dejo por el camino…).

En el “arte” de la tortilla cada maestrillo tiene su librillo. Yo personalmente he ido acumulando consejos de unos y otros a los que he sumado mi experiencia “tortillística”, así que sin sentar cátedra, y sabiendo que muchos de vosotros utilizéis otras medidas y trucos, ahí va mi receta (que casi nunca, ojo, casi, me ha fallado).

Para una tortilla de tamaño medio, entendiendo que para mi una tortilla de ese tamaño entra “de sobra” en un plato llano (de 4 a 6 personas aprox.), necesitáis:

  • 5 patatas medianas
  • 6-7 huevos (al gusto)
  • 1 cebolla hermosa
  • aceite
  • sal

Pelamos las patatas y las partimos en rodajas finas (pensad que cuanto más gordos sean los trozos de patata, más tiempo tardarán en freírse) intentando que todas las rodajas tenga aproximadamente el mismo grosor. Ponemos aceite en la sartén, unas tres o cuatro cucharadas soperas y cuando esté caliente añadimos las patatas y la sal.

Picamos la cebolla en trozos pequeños (pero no minúsculos, porque sino corréis el riesgo de que se churrasque!), y se le añade a las patatas cuando estas estén a medio hacer. Podéis añadir un poco más de sal si queréis (si no estáis seguros, probad la patata antes).

Batimos los huevos en un bol y añadimos otro poco de sal. Cuando la patata y la cebolla ya están hechas, las añadimos al bol con los huevos y mezclamos un poco para que la patata empieze a absorver el huevo. Si las patatas se chupan enseguida el huevo, batid uno o dos huevos más y añádelos (si volcáis toda la mezcla en la sartén sin añadir esos huevos de más, el resultado va a ser un arma arrojadiza con pinta de tortilla). Una vez la mezla lista, va de nuevo a la sartén (limpia de restos de patatas y ligeramente engrasada) y se deja cuajar. Cuando está cuajada de un lado, alehop, una vueltecita con arte, maestría, mucha seguridad y pulso, y a cuajarla del otro.

Trucos:

  • la tortilla va al gusto, así que si os gusta muy jugosa ponedle más cebolla ( en vez de una, una y media, por ejemplo)
  • lo mismo sirve para el huevo (huevo arriba, huevo abajo, ya vais viendo)
  • si os gusta (como a mi) que en el interior de la tortilla el huevo no esté completamente cuajado, dejad que cuaje bien de un lado hasta que tenga solidez para que no se rompa cuando le vayáis a dar la vuelta, y una vez del otro lado, dejad que se cuaje el borde y poco más.
  • ah! el mayor consejo que os puedo dar es el siguiente, si no teneís una sartén decente, no os molestéis. Y cuando digo decente me refiero a que no se pegue. A mi me ha pasado varias veces, y el resultado, de verdad, da penita.