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Vinho verde (vino verde): una más que agradable sorpresa

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Olá!

Viviendo en Portugal alguna vez tendría que saludaros en portugués, ¿no?. Pero el saludo no es lo único luso de lo que voy a hablar hoy.

Siempre estoy subiendo recetas, pero la cocina implica más que carnes, pescados, verduras, dulces… La cocina también son los caldos, y no solamente los de la sopa. Hablo de los vinos, de ese enorme y complejo mundo de reservas, crianzas, vinos jóvenes, matizes, taninos, cuerpo, olores, barricas y denominaciones de origen.

Me gusta el vino y, en mi afán por conocer, me gusta probar vinos; lo que no quiere decir que yo entienda de vinos. No sé si la atracción que siento por esta bebida es debida a mi infancia y al hecho de que mi abuelo tuviera viñas. De que halla vivido la vendimia en primera persona (aunque reconozco que he “amagáo poco el lomo”), de que mi familia siga teniendo relación directa con el mundo del vino, de que haya tenido la suerte de conocer una cooperativa vinícola y su funcionamiento, o simplemente por la elegancia que me transmite el vino y todo lo que le rodea.

Siempre he sentido predilección por los tintos. Ese color, ese aroma, esa contundencia. Sin embargo los blancos nunca me hicieron demasiada gracia. Pero gracias a mi eterna curiosidad, dejé un poco de lado mi ignorancia y me fui acercando también a “los claretes”.

Durante mi primera experiencia portuguesa como estudiante Erasmus, oí hablar del vino verde. Ignorante de mí, pensé que si el tinto era rojo, el rosado era rosa, y el blanco de un tono amarillento pálido, el vino verde tendría que ser (por lógica aplastante :)), verde. Confieso que en ese momento no llegué a desvelar el misterio, pues con descubrir el vino de Oporto ya me daba por satisfecha. Pero ahora, en mi segunda experiencia portuguesa, finalmente me he metido en el mundo de los vinos verdes. Y me digo a mi misma: ¡menos mal!.

Es un vino agradable al paladar, con un toque espumoso que me sorprende y me encanta  (a pesar de no ser una gran fan de los cavas y demás espumosos). Se bebe muy frío y es bueno tanto como para acompañar carnes, pescados o mariscos; o simplemente para tomar en el aperitivo.

Y ahora la eterna pregunta: ¿por qué el nombre de “vino verde”?. Pues bien, el vino verde proviene de la región norte de Portugal y del sur de la zona gallega, y se llama así porque cuando las uvas (de la misma variedad que se utiliza para hacer el albariño) son recogidas de las vides no han terminado de madurar y aún están un poco verdes. Este vino sufre una pequeña fermentaciónque le hace tener unas trazas de gas carbónico en la botella (aguja), y otras veces simplemente se le inyecta de forma artificial dióxido de carbono, para que el vino tenga algo de “chispa”. Ah, y una cosa más. No sólo existe el vino verde blanco, sino que también lo hay rosado y tinto (que aún no he probado, por cierto).

Si queréis conocer un poco más de este vino podéis visitar su web http://www.vinhoverde.pt.

Un besote y feliz domingo a todos.

 

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  1. como nadie suele dejar comentarios me ha hecho una ilusión enorme! gracias

    Responder
  2. me gusta mucho tu post! ya se algo más de vinos, a mi el vino verde me encanta!

    Besos guapa!!!

    Responder

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